Suena el
despertadora a las 8 de la mañana, y a las 8:05, y a las 8:10, y a las 8:15,
así hasta que te das cuenta de que te tienes que levantar, pero el olor de las
sábanas es tan fuerte que te secuestran, hacen un nudo entre tus pies y no te
puedes levantar, yo me quiero levantar lo prometo, pero mis sábanas no me
dejan. Esos cinco minutos que pasan cada vez que el despertador suena son como
un cúmulo de fantasías e ilusiones, los mejores cinco minutos de toda una
mañana. Por fin, después de una dificultosa e intensa lucha con mi cama consigo
levantarme, a veces con una sonrisa en la cara, otras con lágrimas recorriendo
mis mejillas. Empieza un nuevo día para mí y para muchas personas más. Ese
despertador con la típica musiquilla es el que marca tu día a día. Y después de
un largo día tus sábanas te siguen esperando para arreglar cuentas pendientes.
N
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