Yo les digo que aprendan de mí. Les digo que maduren. Pero ellas ni caso. A veces se lo replantean, pero no más de dos segundos. En cuanto me doy la vuelta ahí están, bailando como locas con litrona en mano. Alguna siempre acaba llorando, pero siempre está otra para consolar. La verdad es que no me importa que no maduréis. No me importa que sigáis siendo las más pájaras. Las de siempre. Riendo como solo vosotras sabéis hacer. Porque sois las únicas capaces de caerse con estilo de los tacones y dejar de ser prinsesa. Sois las únicas capaces de hacer que me olvide del resto. Sois las cuatro patas que soportan el peso de mi banco. Cada una en un sitio de España. Tan lejos las unas de las otras y el fondo tan cerca. No me voy a poner romántica ahora porque no lo soy. Yo soy madura. Pero creo que hay veces que es necesario eso de decir gracias. Gracias por ayudarme a vivir y a alcanzar mis sueños. Y que sepáis que eso que digo de que si algún día soy famosa no me voy a acordar de vosotras es mentira. Es imposible olvidarse de algo tan bonito. Somos cinco. ¿Para qué queremos más?
jueves, 20 de febrero de 2014
martes, 4 de febrero de 2014
Chispazos que matan
Papel en blanco y tinta al viento. Me quiero reír. Hay alegría y hay dolor. Desolación
por un día y alegría una noche. El placer de tenerte. El dolor de olvidarte. Me falta meditación. Me tiré
porque tú me lo pediste. Y ahora… ahora me vuelvo loca. Loca de manicomio. De
bata blanca y tararear canciones. Canciones como las nuestras. Los besos que
nos parten. Esos besos que solo tú y yo entendemos. Esos besos a
escondidas. Que nadie va a hacerme reír
si no es tu risa. Arrepentido y encantado. Que la felicidad no existe, solo
existe ser feliz cada día. Y yo sin ti no. Supongo que seré cosas que se cuentan,
vueltas de la vida…
El dejar un vacío en mí
El despertar sin ti.
El pensar y sentir.
Él.
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