Hace justo un
año estaba llorando y despidiéndome de mis compañeros y amigos, esas personas
con los que compartí 13 años, con las que compartí mi vida. Pensé que el cambio
sería peor, mucho peor, pero en realidad sigo viendo por los pasillos a la
misma gente de siempre, todo sigue igual. He tenido la oportunidad de vivir día
a día durante este corto curso con 30 maravillosas personas. El primer día de
clase no pensé que nos llevaríamos tan bien, pero míranos ahora, los alumnos de
1ºA de Daviña Rei haciendo una piña. Somos 31 pupilos tan distintos pero en el
fondo tan iguales…
Llegó la
hora de despedirse, pero no para siempre, solo hasta el curso que viene, ahora
toca disfrutar del verano, pero nos queda un largo año para seguir riendo y
llorando.






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