Me encanta jugar a las canicas, siempre gano.
Las adivinanzas no son lo mío.
Los dardos y las cartas están bien.
El corre que te pillo tiene un pase.
Pero qué sería de mí sin tener a alguien con quien compartir todos estos momentos de juegos, risas, enfados, estos días alegres o tristes que siempre quedarán en nuestros recuerdos. Recuerdos de niños pequeños que, a pesar de ser tonterías, nunca los olvidaremos y desearemos volver a esos días, con esa gente y decir tonterías, muchas tonterías. Desconectar de este mundo que cada vez nos trae más quebraderos de cabeza y pensar en la gente que queremos y nos quiere para ser feliz, aunque solo sea por un momento. Pensar en esos niños jugando en el patio del colegio saltando y riendo con una tímida sonrisa inocente. Pararse a pensar todos esos planes y sueños que hacíamos cuando éramos niños, construyendo una vida maravillosa, e intentar hacer todos esos sueños realidad, ser la persona que siempre quisiste ser. Intentar vivir la vida día a día e intentar ser feliz, muy feliz con esas personas que siempre llevarás en tu corazón, personas que formaron parte de tu vida y te enseñaron a jugar a las cartas, a tirarte de cabeza a la piscina, que te enseñaron a reír y soñar, que te enseñaron a ser feliz tal y como tú eres.
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