Adrian
pensó en el suicidio. No como un hecho cruento ni como una vengativa y
desesperada acometida contra la vida, sino como una simple desconexión, un
acabar ahí mismo, un dejar de gozar y de sufrir, una asunción de que ya había
visto suficiente, de que ya había vivido suficiente.
[...]
Y por
curiosidad, sólo por curiosidad, decidió seguir viviendo.
N
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