viernes, 13 de abril de 2012

Sabor a chocolate

Adrian pensó en el suicidio. No como un hecho cruento ni como una vengativa y desesperada acometida contra la vida, sino como una simple desconexión, un acabar ahí mismo, un dejar de gozar y de sufrir, una asunción de que ya había visto suficiente, de que ya había vivido suficiente.
[...]

Y por curiosidad, sólo por curiosidad, decidió seguir viviendo.

                                                                                                                    N

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